
Laura García Agustín
Psicóloga Clínica y escritora. Profesora Titular de Victimología de la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Directora del Centro CLAVESALUD de Investigación de las Ciencias del Comportamiento.
¿Cómo saber si uno tiene este tipo de problema?
1. Este tipo de personas tienen problemas para identificar y describir sus propios sentimientos y los de los demás.
2. Les resulta especialmente difícil discriminar sus emociones de sus propias sensaciones corporales. Les cuesta enormemente diferenciar lo que están sintiendo, no saben si sienten rabia, temor o ansiedad, simplemente notan ciertas manifestaciones físicas que no saben como interpretar.
3. Tienen un vocabulario emocional muy reducido, limitándose a emplear expresiones generales para describir lo que les pasa. Por ejemplo, una persona con este tipo de problema podrá expresar que se siente mal, pero no sabrá que significa; mientras que otra que no presente este problema puede describir lo que le ocurre como tristeza, cansancio, irritabilidad, etc.
4. No es que estas personas no sientan, sino que son incapaces de saber y de poner en palabras lo que sienten.
5. Tienen enormes dificultades para empatizar con los demás, pues no alcanzan a imaginar lo que les está pasando y/o sintiendo.
6. Rara vez utilizan el contacto físico para acercarse a alguien que está expresando un sentimiento intenso, porque no saber como actuar y sobretodo porque no son capaces de entender lo que la otra persona necesita en ese momento (un abrazo, una caricia de afecto, una palabra amable, etc.).
CONSEJOS para aprender a Expresar Emociones y/o para mejorar la dinámica Emocional
1. Dedicar tiempo y empeño en tratar de identificar lo que se siente, tratando también de describirlo con palabras.
2. Podemos hacer uso de adjetivos que nos ayuden a describir para dar mayor significado a lo que se dice. Por ejemplo, si observamos que para describir un sentimiento intenso de rabia, empleamos una expresión genérica como “me encuentro mal”, tratar de utilizar expresiones del tipo, “me siento como un perro rabioso”, “es como si me hubiesen clavado un cuchillo”, “es como si me comieran por dentro”, etc. Nuestro idioma es tremendamente rico en adjetivos y sinónimos que nos pueden ayudar.
3. Tratar de fijarnos en cómo las otras personas describen sus emociones, qué expresiones utilizan, como se comportan, como lo experimentan y preguntarles que es lo que sienten.
4. Tratar de ponernos en el lugar de otras personas que nos estén contando experiencias personales, tanto positivas como negativas para poder entrar más en contacto con los sentimientos.
5. Tratar de no juzgar los comportamientos de los demás, ni tan siquiera justificarlos. Simplemente tratar de entender por qué han reaccionado así, nos ayudará a establecer un contacto más intenso con las emociones.
6. Pensar todos los días en nuestros sentimientos y tratar de describirlos, aunque al principio pueda resultar artificial o nos podamos sentir torpes. La práctica es la mejor manera de consolidar cualquier aprendizaje.
7. Practicar todos los días el uso de la empatía, para integrarla dentro de nuestro repertorio de comportamientos.
8. Enseñar a nuestros hijos desde que son muy pequeños a que experimenten y expresen sus emociones para que en su vida adulta no presenten este tipo de problemas.
9. Si ninguna de estas estrategias da resultado, sería interesante ponerse en manos de un especialista que nos oriente acerca de si existe una causa neurológica que impida desarrollar esta habilidad de expresión de emociones.
Laura García Agustín
Psicóloga Clínica, Coach y escritora
Directora de CLAVESALUD
1. Este tipo de personas tienen problemas para identificar y describir sus propios sentimientos y los de los demás.
2. Les resulta especialmente difícil discriminar sus emociones de sus propias sensaciones corporales. Les cuesta enormemente diferenciar lo que están sintiendo, no saben si sienten rabia, temor o ansiedad, simplemente notan ciertas manifestaciones físicas que no saben como interpretar.
3. Tienen un vocabulario emocional muy reducido, limitándose a emplear expresiones generales para describir lo que les pasa. Por ejemplo, una persona con este tipo de problema podrá expresar que se siente mal, pero no sabrá que significa; mientras que otra que no presente este problema puede describir lo que le ocurre como tristeza, cansancio, irritabilidad, etc.
4. No es que estas personas no sientan, sino que son incapaces de saber y de poner en palabras lo que sienten.
5. Tienen enormes dificultades para empatizar con los demás, pues no alcanzan a imaginar lo que les está pasando y/o sintiendo.
6. Rara vez utilizan el contacto físico para acercarse a alguien que está expresando un sentimiento intenso, porque no saber como actuar y sobretodo porque no son capaces de entender lo que la otra persona necesita en ese momento (un abrazo, una caricia de afecto, una palabra amable, etc.).
CONSEJOS para aprender a Expresar Emociones y/o para mejorar la dinámica Emocional
1. Dedicar tiempo y empeño en tratar de identificar lo que se siente, tratando también de describirlo con palabras.
2. Podemos hacer uso de adjetivos que nos ayuden a describir para dar mayor significado a lo que se dice. Por ejemplo, si observamos que para describir un sentimiento intenso de rabia, empleamos una expresión genérica como “me encuentro mal”, tratar de utilizar expresiones del tipo, “me siento como un perro rabioso”, “es como si me hubiesen clavado un cuchillo”, “es como si me comieran por dentro”, etc. Nuestro idioma es tremendamente rico en adjetivos y sinónimos que nos pueden ayudar.
3. Tratar de fijarnos en cómo las otras personas describen sus emociones, qué expresiones utilizan, como se comportan, como lo experimentan y preguntarles que es lo que sienten.
4. Tratar de ponernos en el lugar de otras personas que nos estén contando experiencias personales, tanto positivas como negativas para poder entrar más en contacto con los sentimientos.
5. Tratar de no juzgar los comportamientos de los demás, ni tan siquiera justificarlos. Simplemente tratar de entender por qué han reaccionado así, nos ayudará a establecer un contacto más intenso con las emociones.
6. Pensar todos los días en nuestros sentimientos y tratar de describirlos, aunque al principio pueda resultar artificial o nos podamos sentir torpes. La práctica es la mejor manera de consolidar cualquier aprendizaje.
7. Practicar todos los días el uso de la empatía, para integrarla dentro de nuestro repertorio de comportamientos.
8. Enseñar a nuestros hijos desde que son muy pequeños a que experimenten y expresen sus emociones para que en su vida adulta no presenten este tipo de problemas.
9. Si ninguna de estas estrategias da resultado, sería interesante ponerse en manos de un especialista que nos oriente acerca de si existe una causa neurológica que impida desarrollar esta habilidad de expresión de emociones.
Laura García Agustín
Psicóloga Clínica, Coach y escritora
Directora de CLAVESALUD